Asuntos Públicos – 100 días

Eduardo Coronel Chiu

Aunque no hay una obligación legal de rendir un informe de resultados por los primeros 100 días, acaso sea prematuro intentar una evaluación, pero igual habría razones para calificar el desempeño inicial –al caballo de carreras se puede conocer por el arranque–, tanto los nuevos gobernantes como la opinión pública realizan recuentos, califican las acciones y perfilan las características del nuevo estilo de ejercicio del poder.
En el caso de AMLO, prevalecen al menos dos visiones, reflejo de la división ideológica y de proyectos, manifiesta en el proceso electoral, intensificada con el ejercicio del poder. Por un lado, la que expresa una aprobación muy elevada al liderazgo personal, (dicen las encuestadoras del 80%), endiosado con la omnipresencia y su propia vocería, las conferencias mañaneras de lunes a viernes y las giras a los estados, a pueblear en mítines los fines de semana, contrarrestan las situaciones críticas y controvertidas que se han presentado, como el desabasto de gasolinas derivado del combate al robo de combustible o huachicoleo, la cancelación de inversiones o la no contención de la delincuencia. Por el otro, la desaprobación de minorías políticas y financieras, la conflictividad y polarización del presidente y la oposición, así como la desconfianza y riesgos que se observan para el crecimiento económico, ante el cambio de reglas que restringe la inversión privada y concede mayor injerencia al estado, sobre todo en el sector energético.
Mientras el programa económico de AMLO se mira con recelo y desconfianza, la política social expansiva y clientelar –dinero a manos llenas para “los pobres”– apuntala al nuevo gobierno; por otro lado, las políticas de austeridad y no corrupción, núcleo del discurso de AMLO, aun se reciben con reservas. Y como caso extraordinario de consenso, el voto de confianza (y esperanza) en la política de seguridad pública, con la creación de la Guardia Nacional, la nueva policía del Gobierno Federal que se formará, enclavada en la jerarquía civil, pero con disciplina y origen militar. Adorado por las masas y cuestionado por la oposición y medios, AMLO va a galope tendido, por el bien del país, esperemos que la dirección sea la correcta.
En Veracruz
A diferencia del remolino AMLO, el gobierno de Cuitláhuac García ha tenido un arranque lento y errático en varios aspectos. Si bien el nuevo gobierno pudo superar la difícil situación financiera que heredó y puesto orden en la distribución presupuestal ajustando el gasto conforme a sus prioridades, con excepción del área de finanzas, el gabinete ha salido muy raspado. En cuanto al desempeño ha sido muy criticada la actuación de los secretarios de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros no ha dado una en la operación política, fracasó en la destitución del Fiscal de Yunes, Jorge Winckler, y en el Congreso local se fracturó la bancada de Morena y se rebeló la oposición; las pifias en Chinameca y Minatitlán; y de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado, tratando de aplicar la “guerra de cifras” sin que se le pueda creer la reducción de la delincuencia, a la vista desbordada pese al reciente reforzamiento de las fuerzas federales, así como la aparición de las autodefensas y los casos de linchamiento en Soledad Atzompa y en Uxpanapa.
Igualmente pesa a la evaluación los sonados casos de nepotismo de la secretaria del Trabajo, Guadalupe Arguelles Lozano, y el secretario de Salud, Roberto Ramos Alor, así como otros que se mencionan en la Secretaría de Educación. Por omisión, le toca a la contralora Leslie Mónica Garibo, ausente no solo de la supervisión de las contrataciones indebidas de parientes, sino también de la integración de denuncias contra la administración de Yunes, no han pasado de declaraciones de irregularidades pero sin concretar imputaciones, excepto un caso muy menor en la Sedesol. No le encontraron cómo sacar al fiscal de Yunes y tampoco resolvieron como poner topes a los sueldos de servidores públicos para hacer creíble la austeridad salarial ofrecida. El proyecto de Veracruz, satélite de AMLO, espera la gran derrama de los programas sociales y la eficacia de la Guardia Nacional. Y el golpe de timón de Cuitláhuac.
Adeudo con el SAT, impagable
No lo mencionaron expresamente ahora que vino la jefa del SAT, Margarita Ríos Farjat, y solo se reportó que el gobernador Cuitláhuac García le pidió prórroga para liquidar los adeudos de la UV y el IPAX, que se dijo eran de 900 y 300 millones respectivamente. Pero la cifra que dio posteriormente el secretario de Finanzas, José Luis Lima Franco, de 17 mil millones de pesos el adeudo directo del Gobierno del Estado con el SAT por retenciones de Impuesto Sobre la Renta no enteradas hasta 2016, es aterradora. Sería desastroso pagarla, aunque fuera a largo plazo. Solo con la confiscación de bienes a los duartistas habría para abonar algo, porque de los ingresos frescos no alcanzaría. Es un tema para la amnistía fiscal.