Asuntos Públicos – El rescate de Evo

Eduardo Coronel Chiu

El combate ideológico atizado a diario en diversidad de asuntos por el presidente Andrés Manuel López Obrador, mismo que es contestado puntualmente por adversarios y por quienes sostienen opiniones diferentes, alcanzó un nuevo tema.
La polémica desatada por el posicionamiento del presidente Andrés Manuel López Obrador en torno a la crisis política en Bolivia y su oferta de asilo político al renunciado presidente Evo Morales, muestra la polarización ideológica que caracteriza hoy el espacio público en el país.
Muy probablemente el hoy ex presidente de Bolivia, Evo Morales, quien renunció este domingo al cargo en medio de una profunda crisis política causada por el rechazo popular a su nueva reelección, tras casi 14 años en el poder, cumpla con los requisitos legales para obtener el asilo político en México.
No se duda que peligre su seguridad y que pudiera ser perseguido o encarcelado a causa de la agresividad manifiesta en su contra y la situación política de vacío de autoridad constitucional, suplida –supuestamente de modo transitorio y emergente– por las fuerzas armadas. Pero la decisión protectora de AMLO al ex presidente Boliviano no produjo unanimidad en el auditorio, sino controversia.
No obstante que la figura del asilo político tiene una tradición progresista en materia internacional del Estado Mexicano, hay precedentes de dignidad en la política exterior desde la hospitalidad a los españoles que huyeron de la guerra civil y dictadura franquista hasta los sudamericanos, de Chile y Argentina, perseguidos por las dictaduras militares en el siglo pasado; además de algunos ilustres como José Martí, Garibaldi, Leon Trosky, el Sha de Irán y Rigoberta Menchú, entre otros. Sin embargo, ahora no pocos cuestionan la postura del presidente López Obrador de recibir como asilado político al ex presidente de Bolivia.
Intervención exterior diferenciada
A diferencia de la postura de no intervención y respeto a la soberanía y auto determinación que invocó López Obrador para abstenerse hace unos meses de reconocer como presidente encargado a Juan Guaidó, líder de la oposición en Venezuela, frente a la dictadura de Nicolás Maduro, ahora se apresuró a cantar el golpe de estado en Bolivia. Es cierto que la posición de las fuerzas armadas de Bolivia hicieron la diferencia, de haber respaldado a Evo, habrían tenido que reprimir las manifestaciones civiles de protesta por el fraude electoral. Lo que no explicaron ni AMLO ni Ebrard, al quejarse de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y del ejército boliviano, es que la más reciente elección celebrada a fines de octubre, cuyo resultado oficial favoreció a Evo, no resistió la evaluación externa del proceso electoral realizada por la OEA. El dictamen reporta innumerables irregularidades tanto en la paquetería como en el sistema electrónico de cómputo, una adulteración de la voluntad popular que invalida su pretendida reelección. El peritaje recomendaba una nueva elección, pero la movilización popular exigió la renuncia de Evo. Y esto era un trabajo para Kaliman. Para la parodia y la historia de América Latina, el comandante de las fuerzas armadas de Bolivia que pide a Evo renunciar a la presidencia es el general Williams Kaliman. No se vieron ataques militares al gobierno de Evo, nada que ver con el bombardeo del general Augusto Pinochet al Palacio de la Moneda en Santiago de Chile en 1973 para derrocar al presidente Salvador Allende. Pero para AMLO y Ebrard fue un golpe de estado.
Choque ideológico
En el fondo de esta polémica están las afiliaciones de ideología política. En el mapa o gradiente ideológico AMLO se identifica con el populismo o democracia plebiscitaria, con los líderes carismáticos que se sienten la encarnación y voz directa del pueblo frente a las élites, mafias del poder o conservadores, aun por encima de instituciones y leyes; Evo, como Nicolás Maduro, Daniel Ortega de Nicaragua, como el gobierno electo de Argentina, los peronistas Fernández y el legendario régimen cubano, son de la misma familia ideológica. En el clientelismo, voluntarismo y polarización social, los opositores advierten en la figura de López Obrador se perfila no solo el fracaso económico y otras prioridades como la seguridad, sino la oculta intención de perpetuarse en el poder.
Avión militar, para grandes ocasiones
Ya viene Evo en camino, envuelto como niño héroe en la bandera mexicana. El medio de transporte es otro de los aspectos de la polémica. El gobierno de AMLO mandó a Bolivia un avión especial de la fuerza aérea para recoger a Evo Morales y traerlo a México. Tal distinción, de la que no goza el mismo presidente, que viaja en vuelo comercial, dada su calculada humildad, solo tiene un precedente en la 4T; el avión de la fuerza aérea que recogió en Miami el ataúd con la mitad de los polvos mortuorios del cantante José José. Sí que lo de Evo era un evento muy especial.
Que la sangre no salpique su primer informe
Contrastaron las muestras de duelo entre los poderes del estado sobre la ejecución del diputado local de PRI, Juan Carlos Molina. Mientras en el Poder Legislativo cubrieron el protocolo de asistencia al funeral celebrado ayer en Tlacotalpan, al que asistieron los diputados de Morena, Javier Gómez Cazarín presidente de la Junta de Coordinación Política, y Rubén Ríos, presidente de la Mesa Directiva, los del Poder Ejecutivo ni se asomaron por ahí. No faltó en la legislatura el detalle del moño negro en la puerta de la oficina que ocupó el victimado líder de la CNC, ni la propuesta de algunos de celebrar una sesión solemne para honrar su memoria y pedir se constituya en el Congreso una comisión especial que coadyuve en la investigación del homicidio. En cambio, de la oficina del gobernador Cuitláhuac García solo emitieron un comunicado con su declaración de que el citado crimen “no empañará el desarrollo de la ceremonia del primer informe de gobierno”.
No serán únicamente el crimen de Molina y las masacres de Minatitlán y Coatzacoalcos las que manchen de rojo el primer informe de Cuitláhuac. De diciembre de 2018 a septiembre de 2019 –la última cifra oficial– suman 1,173 homicidios dolosos en Veracruz.