Asuntos Públicos – Nada que presumir. El punto de inflexión

Eduardo Coronel Chiu

A unos días de que venza el plazo de seis meses comprometido por el presidente Andrés Manuel López Obrador para bajar los índices delictivos en el país, emplazamiento por cierto que se fijó en Veracruz, tras la masacre de 13 personas en Minatitlán, se constata que el principal problema que preocupa a la sociedad mexicana, la inseguridad y la violencia criminal, no tiene visos de solución en el corto plazo y ojalá que lo tenga en un tiempo mayor, si es que va a funcionar la controvertida estrategia del Gobierno Federal.
La conferencia de prensa de ayer, la mañanera, tuvo como tema central el estado de la seguridad pública en el país, donde el presidente informó por medio de sus secretarios del ramo, sobre las condiciones actuales, y se abstuvo de evaluar los efectos de sus mantras para desalentar a los delincuentes, fúchila, guácala, piensen en sus mamis.
La exposición general correspondió al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, quien podría decirse engañó con la verdad. De su intervención queda claro que no hay en realidad una mejoría o decremento significativo en los niveles delictivos ni en la percepción de inseguridad en el país. Pero aún así consideran haber alcanzado sus objetivos.
Detrás de toda la maleza y escopetazos de cifras, no dejó de mencionar, otra vez, la crisis de inseguridad y corrupción heredada, así como la enumeración de las medidas que componen la estrategia del gobierno para “pacificar el país”, entre la creación de la Guardia Nacional, el nuevo modelo policial, las reformas legales y hasta la política de becas, pero aún conforme a sus propios datos, los resultados en materia de seguridad pública son precarios, como él mismo expresamente lo aceptó. No sin intentar un manejo retórico de las cifras.
El fracaso presentado como triunfo
Ilustran este reconocimiento los datos que atribuyó al INEGI sobre percepción de inseguridad y las gráficas de homicidio doloso, según dijo, las que tienen a la fecha, no las que hay en el Sistema Nacional de Seguridad Pública, actualizadas al mes de agosto.
Las cifras que citó del INEGI sobre la encuesta de percepción de inseguridad no son actuales, corresponden al primer trimestre del año, sin embargo las utilizó para adelantar su tesis. Que hay un “punto de inflexión” en las tendencias, pese a que cuantitativamente la diferencia, respecto al año anterior, sea mínima. El indicador general pasó de 79.4 a 78.9, es decir, 0.5%, “un ligerísimo quiebre”.
En la gráfica de homicidios dolosos, de manera similar, exalta una diferencia de 0.4%, la tendencia de crecimiento en 2018 era de 0.8%, y de diciembre de 2018 a la fecha es de 0.4%.
Reiteradamente dice Durazo, entre sus citas de cifras, al verlas tan ínfimas, ¡nada qué festejar!, pero lo importante es ¡el punto de inflexión! Lo importante, machaca Durazo, no es la dimensión del cambio, sino el quiebre de la tendencia. “Hemos logrado un punto de inflexión en el nivel de crecimiento, en la tendencia de crecimiento del crimen, de los delitos dolosos” (y de la percepción de inseguridad).
La falacia de la inflexión puede observarse en los datos de crecimiento del homicidio doloso de 2016 al 2018, de una tasa previa de 2.8, a 2017 descendió a 1.9, que en 2018 fue de 0.8%. El decremento fue en dos años consecutivos de 0.9, que resulta superior al punto de inflexión de Durazo de solo 0.4%. Peña nieto no se atrevió a presumirlo.
Veracruz, en crisis de inseguridad
Quizá por ser un estado gobernado por Morena, la crisis de inseguridad no superada en Veracruz, a 10 meses y medio de que asumió el mando Cuitláhuac García, no se mencionó en la conferencia de prensa de ayer del gabinete de seguridad de López Obrador.
Aquí tampoco hay nada que presumir. Según las cifras oficiales, aunque el homicidio doloso ha disminuido ligeramente, de 1,032 en 2018 a 962, los datos más actualizados enero-agosto están disparados muy por encima de cualquier estado de la república, los secuestros, 218 casos, un incremento de 115.8%, y los feminicidios, 125 casos, con 60.2% más que el año anterior.
En varias ocasiones el propio presidente AMLO ha reconocido que en Veracruz no han podido contener a la delincuencia, y es que, aparte de las noticias cotidianas que siguen reportando ejecuciones, secuestros y feminicidios, las masacres en Minatitlán antes mencionada y en Coatzacoalcos (el incendio al bar Caballo Blanco), que cobró la vida de 31 personas a fines de agosto, son hechos imposibles de minimizar. En Veracruz, Cuitláhuac, en palabras atribuidas a López Obrador, tiene tache. En ese punto hay consenso en el estado.