Desde la Butaca – Godzilla II: El Rey de los Monstruos (Godzilla: King of the Monsters)

Cinéfilo Irredento

Después de los ataques de Godzilla, la organización Monarch inició un programa de búsqueda e identificación de “titanes” ocultos en distintos lugares de la Tierra. Algunas personas quieren destruirlos, mientras que otros aseguran que son necesarios para la protección del planeta. Y entonces despierta Mothra.
Al menos diré esto: la secuela Godzilla II: El Rey de los Monstruos rectificó algunos problemas la original Godzilla (2014); pero también repitió el error de usar personajes genéricos y aburridos como eje del drama.
Esto significa que la mayor parte de Godzilla II: El Rey de los Monstruos está dedicada al conflicto humano de una familia separada por la tragedia, y dividida por opuestas ideologías sobre los “titanes” que están apareciendo en la Tierra. Mark Russell (Kyle Chandler) quiere matarlos a todos, por el enorme peligro que representan para la humanidad. Pero su esposa Emma (Vera Farmiga) cree que es posible comunicarse con ellos, y hasta controlarlos con un dispositivo llamado ORCA, el cual emite sonidos que pueden alterar su conducta. Sin embargo hay otras personas interesadas en poseer ese aparato, y las cosas se complican.
Por el lado positivo, Godzilla II: El Rey de los Monstruos conservó los temas y subtexto de la original franquicia japonesa: protección del medio ambiente, mensajes anti-bélicos, y la necesidad de aceptar la insignificancia de la humanidad en el contexto del ecosistema terrestre. Sin embargo estas ideas quedan sepultadas bajo un tedioso argumento que da demasiadas vueltas e intenta desesperadamente convencernos de que tres blandos humanos deben importarnos más que el resto del mundo.
Y, en caso de que no estemos entendiendo las metáforas ecológicas, el director y co-guionista Michael Dougherty (Krampus) añadió un ejército de inútiles personajes secundarios para explicar (una y otra vez) cada detalle de la trama. Así tenemos a los bufones Bradley Whitford y Thomas Middleditch para añadir chistoretes a la destrucción; Ken Watanabe y Ziyi Zhang para recitar graves discursos sobre el balance de la naturaleza; y los obligatorios mercenarios (Charles Dance y David Strathairn) que prefieren disparar primero y averiguar después. Es exactamente lo mismo que vimos en Godzilla (y, hasta cierto punto, en Kong: Skull Island, otra entrada en esta caótica franquicia de monstruos gigantes que el estudio Legendary Pictures quisiera convertir en su propio “Universo Marvel”).
Afortunadamente todas esas monótonas rutinas pasan a segundo plano cuando los monstruos entran a escena. El estudio de efectos especiales Industrial Light & Magic hizo un excelente trabajo re-diseñando a las criaturas, dándoles personalidades bien definidas, y estableciendo sus habilidades. Las peleas son épicas en escala y pasmosas en su nivel de detalle y destrucción. Incluso me atrevería a decir que Godzilla II: El Rey de los Monstruos es la cinta “kaiju” más ambiciosa de la historia… lo cual no significa que sea la mejor (irónicamente la cinta no puede usar el término “kaiju” porque Guillermo del Toro se lo apropió para sus películas de Pacific Rim; como dicen en mi país: “el que se fue a la Villa, perdió su silla”).
Mientras me aburría viendo el “drama” de Godzilla II: El Rey de los Monstruos, estuve pensando que tal vez existe una incompatibilidad fundamental entre el cine japonés y los “blockbusters” norteamericanos. Los realizadores de Godzilla II: El Rey de los Monstruos claramente tuvieron la intención de seguir la fórmula original (en las cintas japonesas también había familias en peligro, militares intransigentes, y niños desobedientes que se metían en problemas), a la cual añadieron actores famosos y todo el virtuosismo tecnológico que puede comprar el dinero… pero de algún modo el resultado se quedó corto. Ojalá tuviera palabras para expresar con mayor elocuencia esta disparidad de estilos y filosofías. Sin embargo, puedo ilustrarla con ejemplos: la reciente producción japonesa Shin Gojira es relativamente modesta en todos sus aspectos, si la comparamos con la opulencia de Godzilla II: El Rey de los Monstruos; pero me parece indiscutiblemente una mejor película, con personajes humanos más realistas, una historia más interesante, y destrucción en menor escala pero mayor impacto, porque realmente “sentimos” la crisis de un país que no sabe cómo reaccionar ante la presencia de un monstruo gigante. Por el contrario, Godzilla II: El Rey de los Monstruos se siente floja e intrascendente; otra película de desastre sin alma ni visión. Solo durante las peleas entre monstruos inspira un poco de emoción; pero nunca basta para redimir la experiencia. Bueno, hasta las cintas animadas de Godzilla en Netflix me gustaron más que esta aparatosa secuela norteamericana. En fin… vale decir que aún tengo curiosidad por Godzilla Vs. Kong… pero estaré preparado para ignorar a los personajes humanos, y solo abriré los ojos durante las batallas kaiju. Afortunadamente yo sí puedo usar esa palabra: kaiju, kaiju, kaiju.