El jardín de rosa – La Serendipia de Matilde

Rosa Matilde Jiménez Cortés

Hoy es mi cumpleaños y me dispongo a preparar este artículo, de pronto llama mi atención el Doodle de Google y pincho curiosa… resulta que un 14 de marzo de 1859, nace Matilde Petra Montoya Lafragua, la primera mujer mexicana en graduarse de médico-cirujano (especialidad en obstetricia) en la Facultad de Medicina en México. Pues bien, casualmente ayer inauguré la exposición Serendipia en el mezzanine de la Facultad de Medicina (antes sala de obstetricia) en Cd. Mendoza, Veracruz.
Azar, destino o verdad, el 14 de marzo de 2007 inicio una cruzada con el propósito de ir al encuentro de la comunidad estudiantil mediante mi obra, inaugurando en la Facultad de Arquitectura en Córdoba aunque sin lograr exponer en otras casas de estudios de la Universidad Veracruzana, abortando mi iniciativa al año de haber dado el primer paso.
Doce años después recibo una invitación inesperada, vía telefónica, para exponer en la Facultad de Medicina en Ciudad Mendoza, con fecha 13 de marzo a las 13 horas. De aquella conversación solo recuerdo la palabra “medicina” (sin prestar atención a los detalles), una serendipia acababa de ocurrirme y tenía cuatro días para desempolvar una colección de pinturas existente -algo que sí hice- pero en cuanto empecé a seleccionar la obra, sentí la necesidad de meter mano… componer, enderezar, quitar, cambiar, diseccionar; modificar la existencia de lo que ya se hizo quizá porque uno nunca está conforme con lo que tiene o se le ha dado.
Respuestas, soluciones, resultados y nuevos caminos de expresión plástica, la serie Serendipia traza una línea delgada entre la infancia y la edad adulta. La primera es expuesta con natural encanto, mirada que habla de la capacidad para dejarse sorprender ante lo inesperado y reaccionar en consecuencia. En contraparte retrato el peso de la adultez y el conflicto existencial, acentuado por la incapacidad de transformar el error y el fracaso, en aprendizaje y motivo de acierto.
Dos edades yuxtapuestas mirándose de frente en complemento, ocupando el espacio de manera compartida porque es imposible alcanzar una etapa sin haber vivido otra. Y en la pintura ocurre que los procesos creativos se construyen por capas, veladuras formadas por experiencias fruto muchas veces de coincidencias e instantes no previstos sabidos aprovechar al máximo; serendipias que con frecuencia el artista es testigo de “la maravilla de lo inesperado” cada vez que se enfrenta al vacío del lienzo y encuentra en el espacio en blanco, una manera de habitar la materia transformando su realidad.
En años recientes mi pintura se define cada vez más ella (infante) y menos yo (adulta) pasando de la idea figurada del ser, a una abstracción lógica por antonomasia; es decir, una pintura que retrata mi momento cuál expresión mínima o reducción eidética apelando a mi experiencia intuitiva con el fin de resolver un camino fenomenológico, en cuyo caso planteo la creación como razones gestuales de lo sensible.
La ficción artística como terreno fértil o sustrato de esencias es algo más que pretender ser creativo, evidentemente conlleva una carga emocional y psicológica, vivencial y de experiencias lograr una conjunción entre tiempo-espacio para que la representación ficticia dé como resultado una realidad tangible, producto de la imaginación.
Hijos al fin y al cabo de otra naturaleza mi pintura tiene algo de predicción, prevención, diagnóstico y tratamiento, al menos por lo que a mí refiere que para eso soy paciente y también sé esperar mi momento. (Rosa Matilde Jiménez Cortés Córdoba, 14 de / marzo 2019).