Sylvester Stallone carga con sus personajes hasta en casa

LOS ÁNGELES
Sylvester Stallone podría ser tan mordaz como Rambo pero se contiene, en eso se parece a su personaje: se le ve calmado, fuerte y reflexivo, da la impresión de que en cualquier momento mostrará algo de furia y no, nunca deja de proyectarse como un buen hombre. En eso es intimidante.
Cuando se le entrevista es más como Rocky, evade bien los golpes de preguntas que podrían ser polémicas, y regresa el favor con frases precisas, bien colocadas, sin necesidad de arrinconar a nadie.
Deja ver sus posturas sin desbordarse. En eso es indulgente.
Se le cuestiona, por ejemplo, por qué los malos de su nueva película, “Rambo: last blood”, son mexicanos; una especie de “bad hombres” que lo harán sufrir a él y a su nueva familia adoptiva, que secuestrarán a su sobrina e incluso cruzarán una frágil frontera que no parece servir para nada, lo que provocará su ira: “No, esta película no es sobre lo que pasa en Estados Unidos y México”, se escabulle. “Esto es Rambo que ha vivido durante 15 años con su familia en este lugar fronterizo. No pretendo tomar ninguna posición ideológica al respecto”. Stallone se disecciona. Dice que su cerebro, como el de muchos actores, es una especie de contenedor emocional que guarda todo tipo de experiencias, incluidas las de sus personajes, y que en determinado momento es difícil guardarlas para sí. Eso lo motiva a escribir películas como ésta y ponérselos de nuevo en la piel. Tiene mucho de ambos:
“No es fácil ser Rambo. Yo soy Rocky antes del café y Rambo después del café”, bromea.
“Los actores ponen en su memoria las experiencias que necesitan esos personajes, yo he vivido mucha violencia en mi vida. Algunas veces es difícil: yo entiendo esta especie de soledad y enojo, lo controlo, pero al vivirlo tanto tiempo adviertes que eso no se va del todo”, confiesa.
Incluso sus tres hijas bromean con él al respecto, cuando les pide que contesten el teléfono y a ellas no les gusta el tono que utiliza: “¿Y por qué no lo haces tú… Rambo?”, le dicen. “Ellas no le temen a nada”, considera el actor de 73 años en conferencia de prensa.
Ya en entrevista con EL UNIVERSAL, reconoce el cambio de masculinidades. Stallone también es famoso en México por la publicidad de una cerveza en la que sugería a algunos hombres “ver más box”, es decir, que se mostraran más “fuertes”. Recuerda que en las generaciones pasadas los hombres solían estar en contacto con ciertas prácticas que ponían a prueba sus fortalezas, lo cual no ve mal, aunque tampoco juzga que todo esté cambiando.
“Con la tecnología perdimos algo de sentido en la tierra, de nuestros instintos animales, saber lo difícil que era el trabajo duro para nuestros abuelos. No creo que sea culpa de nadie, es sólo que la tecnología nos hace más suaves, y más suaves, y más. Quizá dejemos el trabajo duro a los robots; Rambo sería sólo un robot en el futuro”, sugiere.
En esta película, que estrena el 20 de septiembre, la mexicana Adriana Barraza interpreta a una abuela que vive con Rambo, con cuya nieta conforma su familia adoptiva.
Ella ve en el alter ego de Sylvester la cara positiva de la percepción que tiene de las mujeres, la cual esboza en sus filmes de acción: “(Rambo) ha salvado a muchachas, mujeres y ancianas, y verlo interactuar con este lado femenino es bonito. En lo personal me sentí muy bien porque escribió un personaje muy amoroso, muy comprensivo”, opina.
Stallone dice que aunque los tiempos cambien, y con ello la sociedad y la manera de hacer cine, la fórmula de sus personajes radica en mostrarse imperfectos y fuertes a la vez: “Todos se identifican con ellos, Rambo no es alguien inmune a las balas, puede morir y tiene miedo. Se siente solo y tiene una necesidad de ser apreciado, pero no siempre lo muestra”. El actor ha visto que eso funciona: en los rostros de seguidores que se identifican con la lucha de Rocky y la tozudez de Rambo. “Hay gente que tuvo problemas de salud y me dice: ‘Superé esto con la música de Rocky’”, cuenta.
En este caso, quiere enfatizar, una de las debilidades de Rambo está en vivir para proteger, en especial a las mujeres: “Es muy protector de todas ellas, y en esta película es el principal punto focal, literalmente su casa se mueve por mujeres, quiere ser fuerte para ellas, una figura masculina. Acá no es sobre guerra, eso se acabó, sino sobre la dos mujeres que el ama”, aclara en tono paternal.